
¿Tu desfibrilador está preparado para responder a una emergencia en este momento?
Instalar un desfibrilador externo semiautomático (DESA) en tu empresa o instalación es un paso crucial para la seguridad corporativa, pero no basta con adquirirlo y olvidarse de él. Como cualquier equipo médico de vital importancia, requiere un seguimiento técnico y un control periódico para garantizar que funcione sin fallos cuando cada segundo cuenta.
A continuación, detallamos los 5 errores más comunes que cometen las organizaciones tras adquirir un desfibrilador y cómo evitarlos para mantener el equipo siempre disponible.
1. Permitir que los consumibles caduquen
Dos de las fallas más habituales y graves responden al olvido del estado de los parches (electrodos) y las baterías. Ambos elementos tienen una vida útil limitada y pierden eficacia con el tiempo. Es imprescindible programar revisiones periódicas para sustituirlos antes de su fecha de vencimiento, siguiendo estrictamente las especificaciones del fabricante.
2. Ubicar el equipo en un lugar inaccesible o mal señalizado
Tener un DESA no sirve de nada si nadie sabe dónde se encuentra o si el acceso a él está bloqueado en una situación de crisis. La visibilidad y la accesibilidad son tan críticas como el propio funcionamiento del aparato. La señalización debe ser clara, intuitiva y estar situada en un punto estratégico de las instalaciones.
3. Expender el equipo al sol directo o a temperaturas extremas
El lugar físico donde se instala el desfibrilador afecta de forma directa a sus componentes. La exposición prolongada a la radiación solar directa y al calor extremo degrada la carcasa, afecta a los circuitos electrónicos y acelera la descarga de las baterías, reduciendo drásticamente su vida útil.
4. Prescindir de un servicio de mantenimiento profesional
Creer que la compra inicial del equipo garantiza su disponibilidad permanente es un error extendido. Todo espacio cardioprotegido requiere, como mínimo, un mantenimiento técnico anual especializado. Un servicio profesional se encarga de verificar el estado interno del software, los ciclos de autochequeo y la calibración del equipo.
5. Ignorar el control periódico y el registro de revisiones
No contar con un protocolo interno de supervisión deja al equipo desprotegido ante cualquier anomalía imprevista entre inspecciones anuales. Asignar la responsabilidad de la supervisión visual y registrar los vencimientos en un calendario preventivo es esencial para reaccionar a tiempo ante cualquier alerta técnica.
Garantizar la operatividad de un desfibrilador es una responsabilidad continua que salva vidas. Un plan de mantenimiento adecuado y la correcta gestión de los equipos protegen tanto a tus colaboradores como a tu inversión.
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